Hoy comparto con vosotr@s la primera parte de un cuento que podéis utilizar durante el palming con vuestros hij@s. Está especialmente dirigido para niñ@s con hipermetropía, pero cualquier persona lo puede utilizar durante sus palmeos. 🙂  Para personas con hipermetropía va muy bien imaginar cosas, objetos y formas en tamaño muy pequeño. De esta manera, se estimula su visión y de cerca y se mejora.

Repasemos cómo hacer Palming;

Palming es una práctica que viene del yoga. Puede considerarse tipo de meditación que ayuda a ganar una nueva conciencia de nuestros ojos, así como relajación.

Instrucciones:

En primer lugar, es importante estar en una posición cómoda; si estás sentado puedes apoyar los codos en una mesa. Otra posición puede ser apoyar tu espalda sobre la pared, flexionar las rodillas y apoyar los codos en ellas. Si el palming es largo o simplemente prefieres hacerlo tumbado, puedes ponerte sobre la cama o sobre una esterilla, y poner cojines sobre tu pecho, así, podrás apoyar tus codos en ellos y tus brazos descansarán. Sea cual sea la posición que elijas, es importante que no sientas tensión en tus brazos ya que nuestro objetivo es la relajación.

A continuación, frota tus manos entre si, así generarás energía y las calentarás.

Ahora, cubre tus ojos cerrados con tus palmas. Las palmas deben estar ligeramente ahuecadas (como un bol) cubriendo cada ojo. Una vez tengas las palmas sobre tus ojos, ábrelos y comprueba que no entre nada de luz. Si entra luz, ajusta las manos hasta que veas oscuridad total.

Ya puedes cerrar los ojos y empezar el palming.

Durante el palming céntrate en tu respiración y siéntela en tus ojos, siente como inspiran y expiran. También puedes visualizar la mejora de tu visión. Se trata de que tengas consciencia sobre tus ojos y no dejes vagar pensamientos. Si los pensamientos vienen, déjalos ir, y céntrate en la respiración, la oscuridad y tus ojos.Después de un tiempo, sin abrir los ojos, aleja tus manos poco a poco y aprecia los cambios de luz que ves en tu oscuridad. Por último, abre los ojos con parpadeos suaves y echa un vistazo a tu al rededor.

Adaptación para niñ@s:

Si tu hij@ es pequeñ@ como para hacer palming por si sol@. Puedes ayudarle; tú puedes sentarte y él o ella se tumba apoyando su cabeza sobre tu regazo boca arriba. Otra opción e sentarte con piernas abiertas, colocar un cojín sobre tu pecho y barriga y ella o él se pueden apoyar en el cojín ,  tú puedes cubrir sus ojos con tus manos.

Más abajo os dejo la transcripción del cuento y el audio.

La llave de Purpuria

Érase una vez una niña llamada  Rubí. Rubí tenía 8 años y le encantaba pasar el rato fuera de casa. Tenía una gran atracción por los mundos encantados y de fantasía que se escondían tras los bosques, especialmente los mundos de hadas y gnomos.

Cerca de casa, había un bosque al que solía ir los domingos por la mañana con su perro Cacao. Cacao era negro (color cacao 100% puro), con orejas caídas, de tamaño pequeño y el pelo más suave que el terciopelo. Aunque al volver del bosque, su pelaje nunca era tan suave como al llegar. Cacao disfrutaba revolcándose entre el barro y hierba de alrededor del bosque.

Como cada domingo, Rubí y Cacao fueron al bosque. Era un día precioso y resplandeciente, había un sol que iluminaba todo el paisaje con una luz muy bonita. Rubí lanzaba una pelota a Cacao, y él corría a recogerla y se la devolvía. Después de un rato, Cacao se quedó paralizado, y en vez de recoger la pelota y devolvérsela a Rubí, se puso a ladrar y a mirar fijamente, como si alguien estuviese allí.  Rubí se acercó y no vio nada, pero Cacao insistía. De manera que, Rubí pensó que a lo mejor era algo tan pequeño que ella no podía ver, pero que Cacao sí. Y se puso a mirar y a mirar. Mira que te mira, miro por los árboles, miró por las plantas, miró por el suelo y ahí estaba, unos polvos brillantes se movían y con ellos una pequeña hada que intentaba comunicarse con Rubí. No había manera de entendimiento, pues Rubí no podía escucharla con claridad. De repente, como si de lluvia se tratara, polvo de hada empezó  a caer al rededor de Rubí y de Cacao, hasta que ambos se convirtieron en seres diminutos. Rubi alucinó al ver a Cacao. Se miró su propia mano y no podía ni creerlo, se había encogido como un insecto. ¡ Y lo más curioso es que su ropa también!

Entonces, pudieron entender a Layla, el hada mágica que simplemente quería enseñarles su universo en miniatura. Layla les llevo a ver la ciudad miniatura donde ella vivía. Era un poblado llamado Purpuria con casitas pequeñas, todas de color púrpura. Rubí quedó maravillada al verlas. Cada casita tenía una jardín, cada jardín tenia flores y plantas de todos los colores. Era un sitio especial, todo estaba muy cuidado y ambientado de manera diferente a su ciudad. La gente era pequeñita, pero eran encantadores. Todo el mundo quería conocer a Cacao y a Rubí, pues sabían que eran forasteros que venían de un lugar muy grande que para ellos era desconocido.

Uno de los ciudadanos, quiso invitarles a comer a su casa y enseñarles las joyas de Purpuria. De comer, les sirvieron los guisantes y los tomares más pequeños que podrías ver, pero aun así alimentaban muchísimo. Después, les enseñaron un cofre mágico, en ese cofre había una cajita dentro, dentro de la cajita había una llave minúscula de color púrpura que le dieron como obsequio a Rubí. Ella no entendió muy bien de que se trataba, pero Layla le dijo;  lo entenderás cuando necesites entenderlo.

Entonces, Layla les acompañó de vuelta al bosque. Sabía que Rubí y Cacao tenían que volver a casa pronto. Rubí se guardó la llave y empezó a caer polvo brillante sobre ella y sobre Cacao, con lo que volvieron a hacerse grandes, a su tamaño original. Caminaron a casa, y Rubí por el camino tocaba la llave minúscula color púrpura preguntándose para que le iba a servir y recordando las palabras de Layla; lo entenderás cuando necesites entenderlo.

Continuará

Utiliza esta historia o la que quieras para leer a tus hij@s durante el palming 🙂

 

¡OJO! Todos estos consejos y ejercicios no sustituyen la visita al optometrista u oftalmólog@. Consulta a tu médic@ antes de empezar a practicar la visión natural. Estos consejos son complementarios a los tratamientos tradicionales.